Pérdidas

“Las cosas pasan, pero el pasar permanece” Ortega

Muertes, separaciones, cambios de trabajo, de residencia, primavera, verano, día, noche, lunes, martes, miércoles, mayo, junio, julio, juventud, vejez, 2012, 2013, 2074.

Cualquiera que observe con un poco de atención el mundo en el que vivimos llegará fácilmente a ver que no hay nada ni nadie que permanezca, que todo está sujeto al cambio, que el vivir se expresa en su ir transformándose, renovándose. La más bella flor y su cautivador aroma se marchitan, pero sólo para que crezca una nueva en lo venidero. Las pérdidas son una etapa del ciclo cambiante de la vida.

Sin embargo, a pesar de la evidencia, que lleva miles de años anunciándose, desde el taoísmo pasando por Heráclito, parece que nos cueste enormemente saber adaptarnos a los cambios que sufre nuestra vida (al menos, aquellos que de alguna manera “se nos imponen”) y es que, cómo negarlo, la muerte de un ser querido o la separación de una pareja a la que quieres, realmente duele.

Si no sentimos la filosofía que predicamos, todas las ideas que pueda haber en ella son vías de escape. Al final se acabará imponiendo lo que sientes, aunque trates de evitarlo. En este caso, si mi filosofía dice que todo cambia pero después no sé cómo afrontar los cambios, o no los acepto, lo primero que habría que hacer es escuchar ese sentimiento, porque esa es tu verdadera filosofía: Una filosofía o, dicho de otra manera, un modo de entender la vida y unas creencias conforme a las cuales hay, o debería haber, cosas que permanecen, cosas fijas, separadas unas de otras y que, de alguna manera, se pueden poseer y perder. Quizá porque en ellas cifremos parte de nuestra identidad, quién sabe.

La filosofía, si queremos que tenga una aplicación en nuestra vida, tiene que partir de lo que es, no de ideas o teorías, pues de lo contrario podría refugiarme en la idea de que todo cambia para no sentir mi dolor y sufrimiento. Igual que el alcohol o las drogas, e incluso la meditación, la filosofía puede convertirse en una evasión para no tomar contacto con el sufrimiento.

Sólo contactando con la huella dejada por la pérdida podremos transformarla en un paso que avanza.

Así que, ante una pérdida no deseada, se me ocurren dos caminos:

-Uno, meditar sobre la impermanencia de las cosas, reflexionar más asiduamente sobre su presencia en todo lo que vive, para acercarnos más a ella y hacerla un poco más nuestra. Para, en definitiva, ir transformando nuestra errónea manera de ver las cosas, que es la causa principal de nuestro sufrir.

“No sufrimos porque las cosas sean impermanentes, sino porque creemos que son permanentes”.

En muchas ocasiones, la muerte repentina de un ser querido o la separación súbita de una relación, el cese de un puesto de trabajo, etc. suelen generar, en primer lugar, incredulidad: no lo podía creer.

Planteo que si, al menos, tienes la posibilidad de poder creer (en el sentido de estar abierto a) que eso suceda, quizá el impacto no sea tan grande.

He aquí una meditación por escrito que podemos practicar:

http://escuelademeditacion.com/Salameditar/cambio.pdf

Recomiendo leerla varias veces para captar su esencia, y después meditar sobre ella. No hace falta que seas un experto en meditación, basta con que te sientes en una silla con la espalda recta y le dediques unos minutos a observar lo que se va generando.

-Y, paralelamente (es decir, cuando sea que no estés practicando la meditación anterior) Dos: Si estás triste, no finjas, llora todo lo que haga falta. O grita, o patalea, o escribe sobre cómo te sientes. Deja un espacio a tu dolor, a tu rabia, contacta con tu sentimiento de impotencia o soledad.

El camino es ir aunando poco a poco una nueva (u olvidada) visión de la vida, más acorde con la sabiduría de la vida, con nuestras experiencias, para ir aprendiendo algo en esta gran escuela que es la vida. En eso estamos todos.

3 respuestas a “Pérdidas

  1. Cuánta verdad hay en lo que dices! Quizás sea porque en el fondo tenemos una aspiración insatisfecha de eternidad, y la queremos poner en los sucesos, experiencias, etc., pero lo difícil es, como dices tú, vivir y valorar completamente cada cosa, teniendo conciencia de que es efímera. ¿Eso podría ser el vivir aquí y ahora? Gracias por compartir tus experiencias, son de gran ayuda.

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  2. Perdón por la insistencia, pero después de cerrar mi comentario me acordé de dos frases que vienen a cuento del tema de la pérdida. Una es del Ouijote, quien le dice a Sancho: “Hay que tener desteniendo”. La otra es un aforismo cristiano pero no sé su fuente: “No te lamentes por haberlo perdido; da gracias por haberlo tenido”.

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  3. Muchas gracias por tu aportación, Ana. Me parece brillante la de Cervantes! me recordó a una frase cantada por Jorge Drexler que dice que “uno sólo conserva lo que no amarra”. Espero que poco a poco podamos ir encarnando esta sabiduría, que bien pudiera tener relación con lo que comentas de vivir en el aquí y ahora.
    Una vez más, gracias!

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