El concepto de alma

Es frecuente en nuestra habla cotidiana hacer uso de expresiones o conceptos cuyo origen y significado desconocemos, conformándonos con una vaga idea de los mismos. En parte, éste es también uno de los beneficios de la actividad filosófica, que trata de pulir y perfilar las ideas, haciendo una artesanía del concepto.

Quizá sea éste el origen de muchos malentendidos en nuestras conversaciones, tanto internas como externas, pues, siendo humildes, conviene reconocer que a veces hablamos de cosas que no sabemos qué significan.

Es gracias a este reconocimiento -sólo sé que no sé nada- y el consecuente interés-curiosidad- por desvelar qué entendemos por los conceptos que utilizamos que Sócrates se ganó el apelativo de sabio.

Uno de estos conceptos de los que, a mi entender, mucho se habla y poco se entiende es el concepto de alma. Tampoco un servidor, que aparentemente conoce un mínimo de estas cuestiones (nada más que por haberlas estudiado -al menos un poco- y tener un cierto interés natural hacia ellas), tiene muy claro qué es el alma. A veces puedo llegar a recibir ciertas ideas o intuiciones, casi certezas, pero no se dejan agarrar- quizá como el alma misma- y vuelvo a la inopia inicial.

Hay tradiciones, como ciertas escuelas de budismo, que niegan la existencia del alma (hablan más de un continuo mental), entendida como algo separado y con entidad propia, separada del resto. Hay quienes asocian alma y espíritu, como si fueran lo mismo, hay quienes los separan. Hay quienes dicen que tiene entidad propia, hay quienes creen que es algo material. Hay quien dice que el alma es algo cambiante, hay quien dice que es aquello de nosotros que no cambia.

Así que, buscando entre los libros, he llegado a La realidad del Alma, de Jung, que quizá aclare -o confunda- un poco más las cosas. El texto de Jung está en cursiva.

“El antiguo concepto de alma era esencialmente la vida del cuerpo, el aliento vital, una especie de energía vital, que durante el embarazo o el nacimiento penetraba en la physis, es decir en el espacio, abandonando el cuerpo que fallece con el postrer aliento. El alma es de por sí un ente no espacial y, por existir antes y después de la vida corporal, es también extratemporal, o sea prácticamente inmortal (…).

La etimología de la palabra alma nos conduce a la idea de fuerza vital -Idea expresada, por otro lado, en el concepto de Qi (Chi) chino, Ki japonés y Prana hindú-.

En griego “psyque” -que traducimos por “alma humana”-,  significa también mariposa-imagen del espíritu-.

Del latín se traduce “animus” por “espíritu” y “anima” por “alma”. Viene del griego anemos, que significa viento. A veces se relaciona “animus” a la parte masculina y “anima” a la parte femenina, siendo las dos, partes de una misma unidad.

La palabra griega pneuma –respirar, soplo, hálito, viento– se traduce por espíritu. Y anhelare (de donde vienen anhelar), por respiración dificultosa. -Esto me hace sospechar en la relación que podría haber entre la inspiración en la respiración y la idea de estar inspirado en las artes.

En arábigo rih significa viento y ruh alma, espíritu.

En latín, griego y árabe, la denominación del alma corresponde a la idea de aire en movimiento. En el primitivo concepto, el alma se consideraba un soplo invisible.

En el segundo relato de la creación, Génesis 2, 7: “Entonces Yahvé-Dios formó al hombre del polvo de la tierra, insufló en sus narices aliento de vida y fue el hombre un ser viviente

Otro concepto primitivo es el de considerar al alma como fuego o llama, porque el calor es otra característica de la vida. Hay además otra opinión primitiva extraña, que identifica el alma con el nombre. El nombre del individuo es su alma, lo que explica la costumbre de reencarnar el alma de los antepasados, mediante su nombre, en los recién nacidos. Es de suponer que esta opinión sólo significa el reconocimiento de la conciencia del yo, como expresión del alma.

Es frecuente, además, que se identifique el alma con la sombra. La sombra expresa lo que los griegos llamaban synopados (”el que sigue atrás”).

Jung, La Realidad del Alma, pgs. 13-15.

Se podrían hacer varios tomos con este tema. Baste esto, al menos, como pretexto para disfrutar de las ganas de saber, que en mi caso he querido compartir en este blog de forma un tanto informal. No es mi intención agotar el tema, sino simplemente suscitar cierto interés que se desprende cuando uno se da cuenta de que no sabe casi nada.

Creo que es importante no conformarse con lo poquito que sabemos de la vida. Y, cuidado, que los libros, las lecturas y la artesanía de los conceptos son fundamentales, pero se precisa irremediablemente de lo otro: de la Vida.