El guerrero

En algunas tradiciones, la figura del Héroe es más conocida como la de el Guerrero. Así sucede por ejemplo en los libros de Castaneda, cuando se habla del hombre de conocimiento como un guerrero.
Sin embargo, es en el Asia oriental donde esto se ve con mayor claridad, debido a la larga tradición de las artes marciales.
Una mirada superficial podría considerar a las artes marciales mera expresión de agresividad, culto al cuerpo y al ego, carente de interés para la vida cotidiana.
Mirando con mayor profundidad, podemos observar que las artes marciales representan, paradójicamente, un camino de paz, conscientes de que el principal “enemigo” es uno mismo, con sus miedos, sus deseos insatisfechos, sus fantasías; que, en la vida, el conflicto va a aparecer (sea en forma directa o más sutil, en una conversación, un gesto, etc) y que es nuestra manera de relacionarnos con todo ello lo realmente determinante.
En las practicas corporales, metáfora para las espirituales, se trabaja la receptividad, la escucha, el permanecer en calma en medio del conflicto; el estar totalmente atento a lo que pueda venir, saber caer, tener reflejos, utilizar la fuerza del oponente, no hacer movimientos innecesarios, respetar al contrincante. Y, de fondo, debido a la influencia del budismo, principalmente, un camino de purificación de las tendencias egoicas a través de la práctica de la compasión.
Todo ello es clave en el viaje del héroe -un guerrero espiritual- en el que se va a encontrar una y otra vez obstáculos, crisis y dificultades en su camino de crecimiento y autodesarrollo.