¿Armonía?

Hablar de armonía implica hablar de relación, de equilibrio y proporción entre las diferentes partes de un conjunto. Sucede así en la música, donde la armonía se refiere a una determinada combinación de notas o acordes, por ejemplo. La etimología de la palabra nos lleva a la Grecia antigua, donde ἁρμονία significa “acuerdo”, “concordancia”, y que a su vez deriva del verbo ἁρμόζω (harmozo): ‘ajustarse, conectarse’. En esas épocas y lares, Harmonía también era una diosa que, en la mayoría de las versiones, era hija de Ares y Afrodita.

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Evelyn de Morgan: Cadmo y Harmonía (Cadmus and Harmonia). 1877.

Más allá de su aspecto mitológico, insistimos en que la palabra armonía implica más de un elemento, tal y como sugieren los conceptos de equilibrio, proporción, acuerdo, concordancia, ajustarse o conectarse.

A simple vista, parecen simples palabras, conceptos, ideas, definiciones. Pero si realmente entendemos el conocimiento como una vía de transformación -como lo es en realidad- no como un simple juego intelectual, veremos que para poder vivir en armonía estamos invitados a cambiar nuestra mirada con respecto a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Asistimos, incluso, a un cambio de paradigma.

¿Cómo, si no, podríamos vivir en armonía desde una perspectiva cartesiana, dónde las cosas -sí, cosas, como si realmente existieran- estuvieran separadas unas de otras, donde el mundo y la naturaleza fueran algo así como un objeto aséptico -una máquina- que nosotros podemos manipular sin afectarlo ni vernos afectados? ¿Podemos vivir en armonía siendo simplemente individuos separados unos de otros y del mundo que nos rodea? ¿No tendrá esto algo que ver con el hecho de que tantas personas se sientan aisladas y solas en sociedades compuestas por millones de personas? La capa más superficial de nuestra mente, la mente del ego, se basa en esto: mente de separación. 

Decir esto no anula que haya diferencias. Cada uno es diferente, cada uno tiene un cuerpo, unos pensamientos, unas emociones más o menos -más o menos- propias. Sin embargo, si profundizamos un poco, es posible conectar con estados mentales que comprenden la realidad de otro modo, donde se percibe la unidad subyacente a todo lo existente. No importa si le llamamos Dios, Brahma, Tao, Logos, Consciencia, Todo, Vacío o simplemente Vida. Una Vida siempre cambiante en sus manifestaciones, pero igual en su fondo. Una Vida entendida a la manera de un sistema donde sus diferentes partes están interconectadas, se interrelacionan. 

Esto es algo que han tenido claro la mayoría de tradiciones sapienciales y espirituales de la humanidad, y que actualmente está confirmando la física cuántica. Al respecto, es muy interesante la lectura “El Tao de la Física” de Fritjof Capra, donde compara las teorías del hinduismo, budismo y taoísmo con la física actual. Con lenguajes muy diferentes, están llegando a los mismos lugares.

Así, para poder hablar de armonía, primero sería interesante revisar nuestra cosmovisión, nuestra manera de ver el mundo y a nosotros mismos como parte del mismo. Puede ser fácil entender los conceptos, pero sentirlo y vivir en consecuencia quizá requiera algo más. ¿Podría alguien sentirse sólo sabiendo, de corazón, que realmente no estamos separados de lo que nos rodea, sino que es sólo un constructo mental, unas ideas, unas creencias? ¿Trataríamos a la naturaleza como lo hacemos si la consideráramos realmente nuestro hogar? ¿Seguiríamos apostando por el complejo sistema capitalista si entendiéramos que lo sostiene una mentalidad obsoleta, caduca, infantil e ignorante? ¿Perpetuaríamos la jerarquía de valores del ego, que nos lleva a la lucha, la competición, la vanidad, el orgullo, etc,  si comprendiéramos lo neurótico de sus mecanismos? ¿Tendríamos tanto miedo y necesidad de control si confiáramos en que existe una Inteligencia que va más allá de nosotros -cuya huella en nuestro interior podemos encontrar- que sabe más, mucho más, que nuestra pequeña mente superficial?

Dialogaremos sobre ello en el retiro de mayo.

E iremos a escuchar a los árboles.