Los Cuatro Acuerdos es un libro de sabiduría tolteca escrito por Miguel Ángel Ruiz, que rescata una tradición poco conocida en Occidente. Para quien quiera saber más de los toltecas, dejo aquí este enlace. Tal vez baste con saber que es una cultura prehispánica de Mesoamérica.
Por su profundidad y sencillez -cosa que a veces va de la mano, contrariamente a lo que se piensa en determinados círculos académicos- lo más recomendable sería leerlo directamente. Porque no se trata sólo de conocer cuatro tips, como se dice hoy día, para vivir mejor, sino que realmente entraña toda una filosofía de vida, un posicionamiento frente al mundo, un tipo de mirada. Es un compromiso. De ahí la palabra «acuerdo».
Sin embargo, antes de ver cuáles son, conviene detenerse un momento en la palabra «acuerdo». Porque, nos guste o no, tod@s vivimos en base a ellos: son los contratos invisibles e implícitos que orientan nuestra vida, las creencias inconscientes que están en la base de nuestra manera de movernos y vincularnos con el mundo, los asentimientos o negativas que hay en nuestra filosofía personal.
Los acuerdos personales nos dicen qué es correcto y qué no, que se puede decir, que se puede sentir, qué se puede hacer. Nos dicen, incluso, quiénes somos. Y es que en algún momento de nuestra vida hemos acordado, con nosotros mismos y con el mundo, que yo soy esto, que yo soy así, que las relaciones son de tal manera, que el mundo es asá. Los acuerdos, pues, están en la base de la identidad. O a la inversa, la identidad se establece a través de una serie de acuerdos de distinta procedencia, familiares, culturales, etc. pero que yo he asumido como propios.
Si vamos a la etimología vemos que la palabra «acuerdo» viene de accordare: poner los corazones en sintonía. Más allá de la belleza poética, en esta definición subyace una resonancia afectiva – los acuerdos no provienen del pensamiento puro y abstracto – y tienen que ver con lo relacional. Los adquirimos a través de la relación que tenemos con el entorno en el que crecemos y nos desarrollamos.
En sí, esto no tiene por qué ser un problema, obviamente. Necesitamos una identidad, unos pilares desde los que movernos por la vida. Lo que pasa es que muchas veces, la mayoría, éstos no han sido cuestionados, meditados, no lo hemos pasado por el filtro de la consciencia. Simplemente vivimos de acuerdo a ellos, por más que estén distorsionados, nos limiten y nos hagan sufrir. Y quizá llega un momento en que el sufrimiento y la frustración me lleven a mirar hacia dentro, acudir a terapia o iniciar un viaje de autoconocimiento. Quizás, en ocasiones, puede aparecer un libro, como el de Miguel Ruiz, que nos invite a establecer una nueva serie de acuerdos para vivir con mayor consciencia e integridad. Podrás estar más o menos en sintonía con ellos, pero al menos te hará reflexionar y ser más consciente de ti mismo, que es de lo que se trata finalmente.
En otro post entraremos a reflexionar sobre los diferentes acuerdos que propone Ruiz. Sin embargo, de entrada, y para que esta información pueda ser fructífera, sería interesante dejar que reposen y maduren estas preguntas: ¿qué acuerdos tengo sobre la vida y los demás? ¿En base a qué compromisos me muevo? ¿De dónde los saqué? ¿Cuándo los establecí? ¿Qué acuerdos tengo conmigo mism@?
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